DEBATES SOBRE PROSTITUCION IV

En respuesta a un texto abolicionista: Ninguna mujer se encuentra en “situación de prostitución”, en todo caso se encontrará en situación de pobreza (o de necesidad), y por lo tanto, la prostitución es el arma que utilizará para salir de esa situación de extrema precariedad, y cuando ya no lo necesite, podrá optar por otra alternativa laboral que le resulte más atractiva, redituable, o interesante (si es que no le tomó el gusto al trabajo sexual, el que también tiene sus ventajas y placeres).

Cuando se asesina a una Trabajadora Sexual, generalmente no se la asesina por ser mujer (Femicidio) sino por ser Prostituta (Crimen de Odio), es decir, por no ajustarse a la “moral y las buenas costumbres”, a las que también las abolicionistas intentan someternos, negando nuestra capacidad de personas adultas a decidir sobre nuestras vidas, metiéndose con nuestros ovarios (o nuestros culos) como si tuvieran sobre ellos más derechos que nosotras!!!…

La prostitución SI es una expresión de libertad sexual de las mujeres, que no tiene que ver con la violencia, la marginación, y las dificultades económicas (algo que padecen muchas mujeres, sean o no, trabajadoras sexuales).

La cultura sexista, patriarcal y capitalista explota a todas las personas, más allá de su género, educación y cultura. Al igual que cualquier otro trabajador, o trabajadora, la prostituta pone en venta su “mano de obra” (tiempo, cuerpo, atención, energía), pero de forma mucho menos alienante que en otras profesiones, oficios u empleos.

La prostituta No vende su cuerpo (algo que es biológicamente imposible, y cuyo planteo resulta no sólo ridículo, sino infantil y totalmente falaz). Las Trabajadoras del Sexo brindan un Servicio personal que el cliente paga según lo acordado libremente entre las partes.

Dicen las abolicionistas que las Prostitutas somos un “objeto” (cuerpo) “Factible de ser entregado y adquirido a cambio de dinero”, y esa posición es de corte netamente machista (aunque quienes la sostengan sean mujeres que se dicen “feministas”). Ese discurso “compra” la mirada patriarcal de mujer-objeto, mujer-cosa, artículo a la venta cuyo uso deprecia su valor, como si se tratara de un automóvil, que tiene un valor cuando es 0 km, y un valor distinto si es “usado”. La mujer se “entrega” (el hombre ¿no?), la mujer se “usa” (el hombre ¿no?), la mujer se deprecia con el “uso” (el hombre ¿no?). No es una mirada machista internalizada esta manera de ver las relaciones entre los sexos???… Porque, al fin y al cabo, quién se entrega a quién???…

“Prostituyente” (en el sentido más peyorativo y desagradable del término) es el sistema capitalista, que obliga a todas las personas a someterse a sus leyes de explotación de la fuerza de trabajo en beneficio de intereses egoístas, y de un sistema esencialmente corrupto e inhumano.

“La propiedad de la mujer queda entonces legitimada en la transacción económica, a través de la cual se compra también el derecho de ejercer el poder hasta las últimas consecuencias”, pero lo “que permite la compraventa de los cuerpos de las mujeres”, se ha llamado históricamente “matrimonio”, y ha sido avalado por la mayoría de las “buenas gentes” a lo largo de toda la historia, y contra ese mandato (dominio y control) nos rebelamos las prostitutas, que nos empoderamos de nuestro cuerpo, y lo utilizamos en beneficio propio.

En cuanto a la “cosificación” de la Trabajadora sexual, ésta no escapa a las generales de la ley del sistema capitalista, que “cosifica” a todas las personas convirtiéndolas en “objeto” de explotación, pero su situación es generalmente mucho mejor que las otras opciones laborales disponibles para ella en el mercado de trabajo al que tiene acceso.

Llama poderosamente la atención esta mirada parcializada del trabajo sexual, que no se hace extensiva a sectores del trabajo donde la explotación alcanza límites de mayor “servidumbre” y “alienación”, tales como el trabajo realizado por las empleadas domésticas (verdaderas esclavas al servicio de clases más pudientes), las fileteadoras de pescado, las obreras textiles sobre-explotadas, las cajeras de supermercados, las empleadas de empresas de limpieza, las “asistentes” (limpiaculos) de geriátricos y del sistema sanitario, entre otras tantas posibilidades laborales “alternativas” con las que nos quiere “seducir”, pero que están muy lejos de ser más gratificantes y económicamente más interesantes que el trabajo en el mercado del sexo pago.

Y aquí encontramos la verdadera “joyita”: “Los derechos de ciudadanía universal que nuestra sociedad promueve, están vedados para las mujeres en situación de prostitución [léase Trabajadoras Sexuales], quienes, no sólo tienen dificultades en acceso a recursos económicos, culturales y sociales, sino que además soportan el estigma social de sentirse juzgadas y valoradas moralmente por la sociedad, dificultando el pedido de ayuda y la lucha por la justicia.” O sea, las abolicionistas contribuyen con su prédica a que no se nos reconozcan los “derechos de ciudadanía universal”, aumentando nuestras dificultades para tener “acceso a recursos económicos, culturales y sociales”, sino que además refuerzan el “estigma social de sentirse juzgadas y valoradas moralmente por la sociedad”, al no reconocernos como trabajadoras y sujetas de derecho, “dificultando el pedido de ayuda y la lucha por la justicia”. Semejante catarata de contradicciones, de machismo internalizado, de prejuicios morales, y de clase, dificulta toda discusión seria con quienes utilizan la excusa de la “trata” como un argumento falaz para combatir a las trabajadoras del sexo y a las migrantes pobres que eligen la prostitución como trabajo (en forma transitoria, o permanente), para mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias.

Culpar a la pobreza de la prostitución, es confundir el remedio con la enfermedad, y eso es muy poco serio. Las pobres desarrollan el trabajo sexual porque les resulta más conveniente que otras opciones laborales, y lo mismo hacen las mujeres de las clases medias (y altas), pero ese tipo de prostitución es menos visible, y se maneja por otros carriles y circuitos, por lo que no es tan molesta a los ojos de los conservadores, ni de las nuevas censoras morales. Y hablo de censoras morales, y de Policía del Sexo, porque eso es lo que existe, y lo que se viene. A eso nos conducen las políticas “abolicionistas”. En lugar de darnos derechos y libertad de trabajo, nos condenan a la marginalidad y a “negociar” con los corruptos de siempre, mientras ellas se aconchaban como “asesoras”, “consultoras”, y “expertas”, ganando buena plata (y prestigio) a costa de nosotras, llenándose la boca de lo que no conocen, o de lo que sólo leyeron en libros escritos por misándricas tan ignorantes y fanáticas como ellas.

Desde ya que repudiamos y combatimos enérgicamente la “trata” (la verdadera y no la excusa marketinera para atacar el mercado del sexo pago) cuando es auténtica violencia contra la voluntad y el deseo de las personas, pero confundirla con el trabajo sexual, o con la explotación de las trabajadoras del sexo, es algo totalmente distinto, y por lo tanto, amerita otro tipo de discusiones.

A nadie se le ocurriría prohibir los automóviles porque hay víctimas de accidentes automovilísticos, ni matar a todas las aves para combatir la gripe aviar, pero ésa parecería ser la lógica abolicionista-prohibicionista.

Dicen las abolicionistas que no están contra nosotras, pero precarizan aún más nuestro trabajo con sus políticas y sus discursos “protectores”. Dicen que somos “víctimas” del patriarcado y terminan siendo las más fieles representantes de sus discursos morales y conservadores, viéndonos como “descarriadas”, o como impotentes ineptas para decidir por nosotras mismas, convirtiéndonos en incapaces jurídicas, y en cómplices-víctimas de la violencia de género, una violencia que ellas mismas ejercen sobre nosotras al negarnos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, entrometiéndose en nuestro trabajo, en nuestros espacios laborales, y con nuestros derechos como trabajadoras, derechos a los que jamás accederemos por sus negativas a reconocernos como mujeres libres, y por lo tanto, dueñas de nuestros cuerpos y de nuestros destinos!!!…

 

STELLA D’VITA

Buenos Aires, 20 de Junio de 2014.-

 

ABOLICIONISMO ES REPRESIÓN

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Acerca de Stella D'Vita

Soy una Prostituta Travesti (Mujer Trans) de Buenos Aires (Argentina)... I m a whore shemale (Trans Woman) of Buenos Aires (Argentine).
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